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¿Qué significa apropiación cultural?

De acuerdo con la Universidad de Oxford, la apropiación cultural se define como “la no reconocida o inapropiada adopción de costumbres, prácticas, ideas, etc. De un grupo de personas por parte de otro grupo más dominante.” Es decir: Es cuando alguien utiliza la cultura de un grupo de personas para su propio beneficio sin dar el reconocimiento que el grupo afectado merece.


El mundo de la moda está pasando por una serie de cambios que se han ido gestando por varios años. Las nuevas generaciones son cada vez más conscientes de lo que consumen y al mismo tiempo las nuevas tecnologías hacen del intercambio de información de forma inmediata y rápidamente escalable (tanto para marcas como para consumidores). Hoy, la línea entre inspiración y apropiación es más delgada que nunca.


Claro, en México hemos visto un sinfín de ejemplos en los que el concepto de apropiación cultural ha salido a tema: el conflicto del sombrero de paja de Bella Hadid entre Jacquemus y la marca mexicana Olmos y Flores, Christian Dior y sus bolsas con diseños de Macramé de la comunidad San Juan Chamula en Chiapas, Carolina Herrera y su colección Resort 2020, incluso la propia Secretaría de Cultura acusó a marcas como Zara, Anthropologie y Patowl de “apropiación cultural en diversos diseños textiles”.


Esta nota no es para denunciar a quienes han incurrido en esta práctica, sino para iniciar una conversación que pudiera resultar incómoda. Tal vez sea momento de preguntarnos si lo que nos duele es la falta de reconocimiento a los grupos vulnerados, o la falta de respeto a nuestro “orgullo mexicano”. Como sociedad, nos encontramos en la necesidad de un proceso de introspección.


El primer paso es reconocer que nuestra cultura mexicana es producto del mestizaje definido como “el encuentro biológico y cultural o su ordenamiento entre etnias diferentes, en el que estas se mezclan, dando nacimiento a nuevas especies de familias y nuevos genotipos”. Esto sin excluir las influencias no sólo españolas sino europeas, indígenas, asiáticas, africanas y del resto del mundo.


Una vez comprendido lo anterior, es importante reconocer el concepto de identidad como no-estático y cambiante. El paso del tiempo da origen a nuevas tradiciones y costumbres que más que reemplazar, enriquecen nuestra cultura.


Ahora, como miembros de una cultura, tenemos la responsabilidad no sólo de respetarla sino de protegerla. Esta labor obedece a dos vertientes principales: la defensa y la fortaleza. Por un lado, la defensa busca denunciar las injusticias hacia nuestra cultura mientras que la fortaleza busca robustecer y darle el lugar que merece.


Esta publicación busca recordarnos que al final del día somos consumidores, y así como tenemos la oportunidad de escoger, también tenemos la responsabilidad de exigir. Exigir transparencia, innovación, sustentabilidad y reconocimiento a las personas que prestan sus servicios y su historia para la creación de algo nuevo. Cultivémonos y compartamos lo aprendido. Busquemos el dónde, el cómo, el porqué y el quién para después contribuir y apoyar. Exijamos el respeto que la cultura mexicana merece, pero también exijamos a nosotros mismos el fortalecimiento de esta ya que de nada sirve defender una fortaleza en escombros.


De no cambiar, nuestra culpa tendrá su origen no en la acción sino en la omisión. Tenemos la fortuna de pertenecer a una de las culturas más ricas del mundo: México. Aprovechémoslo.


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